¿Algo que reseñar?

Y The Doors quiso dejar de sonar a The Doors.

Sólo dos meses después del lanzamiento de “Green River”, Creedence Clearwter Revival vuelven al estudio para grabar su nuevo disco, “Willy And The Poor Boys”; sería su cuarto álbum en apenas dos años y el tercero a lo largo de 1969.

Con “One Of These Nights” (1975) The Eagles se conviertieron en una de las bandas más importantes del planeta. El álbum alcanzó el nº 1 de las listas, hecho que se repetiría en lo sucesivo con todos sus discos.

En 1974, durante la grabación del tercer álbum de The Eagles, “On The Border”, se une a la banda Don Felder, un guitarrista oriundo de Gainesville, Florida. Durante sus años de instituto se ganaba unos dólares dando clases de guitarra a otros chavales de la escuela, entre ellos un tal Tom Petty.

El segundo álbum de The Eagles es un disco conceptual. Pero no a la manera de otros que tratan sobre profundas crisis existenciales, locura, el auge y la caída en el mundo del estrellato o el lado oscuro de la sociedad.

La cita fue en el Troubadour de Los Angeles, en el área de West Hollywood, en torno a la una de la madrugada. Aún faltaban muchos años para que este lugar fuese uno de los puntos fuertes de la escena angelina de cardados, mallas, cocaína, bourbon y guitarras agresivas.

En casi todos los ámbitos de la música, Dylan siempre lo hizo antes. O The Beatles. Depende.

Es cierto que uno se desvive con el metal, pero seamos sinceros: todos tenemos ese momento “amanerado”; y yo sin mentirles mucho Death, Doom primitivo; pero a las horas de las horas, soy un oyente que se deja llevar mucho por el sentimiento chicloso, y más si es un pop chicloso como éste.

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