¿Algo que reseñar?

El aterrizaje en MasCriticas de Crimen y Castigo no fue suficiente para hacer justicia a uno de los artistas grandes de la literatura universal que otrora fue un pensador de gran trascendéncia. Traigo hoy una de esas piedras angulares que suponen el inicio de algo.

El siglo XIX trajo muchas cosas por el mundo; revoluciones, inventos de todo tipo y la industria cobraba cada vez más importancia.

No se puede negar la grandeza de lo que tenemos delante ni siquiera teniendo aversión a la increíble comercialidad que padece la serie del libro en cuestión.

Parece que en este cuarto libro, el estadounidense consigue hacer olvidar la pérdida de tiempo que supuso para mí su anterior entrega.

Años, muchos años han pasado desde que cierto personaje llamado Hitler, o como decía mi profesor de historia, el señor del bigotito, murió. Todo el mundo quiso echar una palada de tierra sobre aquel mal recuerdo y dejar pasar el tiempo.

Ando ahora mismo en clase, en una de esas en las que el profesor no ha podido venir y envía a un sustituto.

Josep Maria Quintana es un escritor nacido en Alaior (Menorca, Islas Baleares, España) y, francamente, parece haberse hecho un hueco en la literatura catalana a nivel local junto a otros escritores como el también menorquín Pau Faner (del que ya hablaré otro día si se da la ocasión).

Qué alegría me llevé cuando me enteré de que sus obras se estaban traduciendo al francés. Por fin la gente se empieza a dar cuenta de que aquí tenemos a un hombre que vale un millón en un género que ha sido patrimonio por completo de ingleses y americanos.

Éste es un libro ligero, para pasar una mañana de domingo leyendo y degustando cada palabra con toda la apacibilidad con que pasan esos días.

Vuelvo a la biblioteca después de haberla abandonado un ratejo largo. Pues bien, viendo yo que ésta era una lectura obligatoria, decidí hacer una reseña aquí para que al menos la lectura fuera más productiva.

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